jueves 5 de enero de 2012

T.Propios: El Palacio de Verónica - III

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[CONTINUACIÓN]


- No está sin acabar -contestó con una gran sonrisa- lo que pasa que está siempre creciendo

- ¿Creciendo?

- Mi palacio se construye con los sueños de mis amigos, con las ilusiones, las vivencias y los sentimientos deaquellos que son invitados a entrar. Se nutre de las ilusiones de Bea y todas las historias que asoman por su cabeza,de los sueños de Javier y sus mariposas en el estómago, de las risas de Laura y Leticia... y ahora también crece gracias a los vuelos de Arkana, a los latidos de tu corazón, que no está triste, y a cada uno de tus viajes. 

- ¿Mis viajes?

- Tu paso por la tierra de los gnomos de azúcar elevaron el techo dos metros y la canción que oíste a los bardos mientras te calentabas junto a ellos en la hoguera, en aquel bosque olvidado, han hecho que en el salón de baile puedan girar seis parejas más.

Mon escuchaba a la niña y observaba cómo el palacio crecía al mismo ritmo que los latidos de su corazón.

- Mi palacio, mi hogar, es tuyo también, porque ahora formas parte de todo este universo caprichoso que no es más que un gran jardín donde crecen los sentimientos de quienes quisieron compartir un rato, un chicle o una tarde delluvia conmigo. Quienes crecieron a mi lado, como mi hermana, quienes me encontraron y no me soltaron, como Javier o quienes decidieron participar de todo esto tras hacer un alto en el camino, en un camino lleno de aventuras que ahora yo también viviré gracias a sus relatos.

Mi palacio ahora es tu palacio, y seguirá creciendo con cada una de sus visitas.

Mon y Vero se despidieron con un gran abrazo y la sonrisa que les proporcionaba la promesa de una nueva visita en cuanto fuera posible. El viento rozó amablemente la cara de Mon mientras Arkana levantaba el vuelo en busca de las hadas del norte y la niña y el resto de los habitantes de ese pequeño y perdido lugar saludaron con la mano a las intrépidas viajeras.

- ¡Saluda a Tess de mi parte! -gritó la niña tras el despegue

- ¿Conoces a la reina de las hadas del norte? -preguntó Mon asombrada

- ¡Gracias a ella el palacio tiene ese fantástico jardín de margaritas!

Y Mon se marchó riendo, acordándose del jardín, del pequeño palacio y de esa peculiar princesa a la que visitaría siempre que le fuera posible y a la que nunca llamaría princesa, sino amiga.