jueves 5 de enero de 2012

T. Propios: El Palacio de Verónica - II

0 comentarios
 

PRIMERA PARTE AQUÍ
[CONTINUACIÓN]


Mon echó un vistazo a Arkana, que parecía encantada con los cuidados de sus dos solícitas curanderas y siguió a la niña, apurando el paso por miedo a perderla de vista.

- ¡Perdona! ¡Pequeña! ¡Necesito ver al dueño del palacio!

La pequeña se paró junto a una de las puertas de entrada, mientras de espaldas a la misma la empujaba 

- ¡este es mi palacio!, no hay más dueños -dijo con un deje de enfado infantil- y he decidido que puedes quedarte todoel tiempo que quieras -añadió divertida antes de desaparecer tras el umbral

La intrépida exploradora se sonrió, había cometido un error de principiante, dar por hecho las cosas, prejuzgar una situación por la edad de su protagonista... parecía mentira que con toda su experiencia, con todo lo que había visto a lo largo de cada uno de sus viajes, pudiera haberle pasado esto. Afortunadamente, se dijo, no es tan grave, la princesa de este palacio no parece enfadada, ni ofendida, puedo seguir disfrutando de su compañía... y sin más entró en ese pequeño edificio sin terminar con la curiosidad que siempre movía cada uno de sus pasos.

Le sorprendió el tamaño del salón que la recibía, por fuera, parecía tan chiquitito, que no era posible adivinar todo eluniverso que guardaba en su interior. Encontró a la pequeña justo en el centro de la estancia, con una gran capa decolor rosa sobre sus hombros. Un rápido vistazo a su alrededor le confirmó que no era sino una gran cortina que hacía unos segundos estaba segura de que se encargaba de vestir el estupendo ventanal de una de las paredes laterales, como lo hacían el resto de telas que aún seguían colgadas.

- ¿Te gusta mi vestido?

- ¡Por supuesto! me parece muy elegante

El rosa es mi color favorito -dijo la niña con una gran sonrisa- es mi vestido para cantar

- ¿Para cantar?

- ¡Claro! ¿Tú no cantas?

- No mucho, la verdad

- Deberías hacerlo, se te alegra el corazón cuando lo haces

- Mi corazón no está triste -protestó Mon

La niña acercó su rostro al de la exploradora hasta encontrarse las puntas de sus narices a escasos milímetros y tras mantener la vista fija en sus pupilas lo que a la intrépida piloto le pareció una eternidad, se separó despreocupadamente

- No, es cierto, tu corazón no está triste, pero si cantas estará más alegre aún

- Hay gente que no ha nacido para cantar, princesa

- ¿No? yo creo que todos deberíamos cantar, si en el bosque sólo cantaran los pájaros que mejor lo hacen, todo sería más serio y silencioso... ¡ah! y no me llames princesa.

- ¿Y cómo quieres que te llame?

- Me llamo Verónica, pero a los que no tiene el corazón triste, les dejo que me llamen Vero.

De acuerdo Vero, encantada de conocerte -dijo tendiéndole la mano- mi nombre es Mon.

Tras la presentación, la pequeña dueña de tan mágico lugar decidió que era un momento estupendo para dedicarle a la invitada una canción, y así lo hizo, con su capa rosa de cortina y un pequeño palo de madera (probablemente partede un mortero que la niña habría cogido de la cocina) haciendo las veces de micrófono.

A medida que sonaba la canción Mon comenzó a percatarse de que había más personas en el lugar, niños y mayores que se asomaban a los ventanales para oir cantar a la princesa que no quería que la llamaran princesa, curiosos que entraban en ese salón que parecía agrandarse por momentos y bailaban discretamente en un rincón. En cuestión deminutos esa habitación en la que se encontraban se había convertido en un elegante salón de baile adornado de luces y sonidos inspiradores. Los aplausos de la multitud adornaron el final de la canción de la pequeña y poco a poco, los dueños de los mismos fueron marchándose con la misma elegancia y delicadeza con la que habían entrado en ellugar. 

Mon y Vero volvían a encontrarse solas.



- Seguro que tienes hambre y sed -dijo la niña. Y antes siquiera de esperar la respuesta de la recién llegada, ya había una mesa montada en medio del salón con frutas, bizcocho y una variada selección de tés de todos los sabores imaginables.

Las nuevas amigas compartieron mesa y hablaron y hablaron y hablaron...

Mon le contó a la niña algunos de sus viajes, los seres fantásticos que fué encontrándose por el camino, las aventuras vividas junto a Arkana y lo reconfortante que era volver a su hogar después de cada una de sus expediciones. La exploradora siempre había sido una gran narradora de historias y puso todas las ganas y todo elesfuerzo en agradecer a la niña su hospitalidad a través de la narración de cada uno de sus vuelos. Cuando terminó, Vero le habló de su hermana Bea, y de lo importante que era para ella, de lo bien que se sentía cuando iba a visitarla a su palacio. Le habló de su amigo Javier, que siempre que estaba junto a ella la sujetaba de la mano porque no quería que nunca se marchara y le habló de su palaciode su pequeño palacio lleno de vida.

- Dime una cosa Vero -le preguntó Mon cuando ya llevaban una eternidad conociéndose y compartiendo secretos- ¿por qué tu palacio está sin acabar?



CONTINUARÁ...