domingo 13 de noviembre de 2011

Textos Propios: El Palacio de Verónica - I

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EL PALACIO DE VERÓNICA. Un cuento "por encargo"

Premisas:
LA PROTAGONISTA DE LA HISTORIA 
  • ella: verónica - hermana: bea - novio: javi
  • no sabe mascar chicle como las personas normales, arma una escandalera para comer una mierda chicle que lo flipas...
  • se esta haciendo una casa con su novio en un pueblo y ahora vive en piza en una casa que desde fuera parece la de callejeros
  • siempre esta dispuesta a todo, es generosa y no pone pegas a nada y nunca espera nada a cambio de los demás, lo hace porque quiere
  • cuando era pequeña cogía en mango de un mortero lo forraba de papel de aluminio, y lo hacia microfono, y se disfrazaba con las cortinas
  • Tess es una de sus mejores amigas y esta por lo menos tan trastornada como ella o mas y con Leticia y Laura le gusta ir a tomarse Cosmopolitan
  • Bea siempre dice que Verónica es su cordón umbilical, están muy unidas, son como siamesas, lo que le pasa a una luego le pasa a la otra
  • Su novio siempre quiere llevarla de la mano por la calle porque dice que con lo que le costó conseguirla....como para soltarla
LA QUE ENCARGA LA HISTORIA: Mónica (mi hermana) apasionada de las libélulas y a la que sus amigas llaman Mon.


Existía hace tiempo un país muy muy lejano. Tan lejano que no aparecía en los mapas de ningún aventurero. En él, había un pequeño reino con un palacio más pequeño todavía. El palacio de Verónica.

Verónica no quería que la llamaran princesa, prefería que la llamaran amiga. Así que las únicas exigencias que ponía a las gentes de su reino era que sonrieran siempre que les apeteciera, que intentaran tomarse las cosas con buen humor y que respiraran profundamente antes de un enfado.

En cierta ocasión llegó hasta los confines de ese pequeño reino perdido una exploradora llamada Mon. Viajaba siempre sobre su fiel libélula Arkana y se encontraba en esos momentos encabezando una expedición para visitar a las hadas del norte. Durante el trayecto Arkana había sufrido daños en una de las alas debido a una tormenta de granizo que les sorprendió en los acantilados de la región polar y Mon, siempre justa y preocupada por su fiel corcel, decidió parar para que se recuperara.

A Mon le sorprendió mucho no conocer las tierras en las que habían aterrizado, ya que estaba orgullosa de considerarse una de las exploradoras más preparadas y viajadas de su época. No en vano la llamaban "la intrépida Mon" por algo. Nada más aterrizar, hizo las tres cosas que debe hacer todo buen explorador al llegar a un lugar desconocido: escuchar, mirar y oler.

Así se dio cuenta de que el viento aprovechaba las hojas para cantar una suave canción de bienvenida, que los naranjas, marrones y amarillos se fundían con los verdes anunciando el otoño y que, a pesar de no haber estado nunca antes allí, ese lugar le brindaba un olor agradable y familiar.

Tras desmontar y comprobar aliviada que la lesión de Arkana no entrañaba ningún peligro, siguió el cauce de un río de leche merengada hasta llegar a ese pequeño edificio que prometía ser precioso a pesar de su mínimo tamaño y la sensación de no estar terminado.

Las puertas del palacio se abrieron como si la hubieran estado esperando toda la mañana, y Mon, seguida de Arkana, entró con cautela. Frente a ella, una niña vestida con un delicado y etéreo vestido blanco la esperaba con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¡Bienvenida! -le dijo con una voz cantarina y no exenta de emoción- ¡qué genial que por fin llegaste! -continuó mientras la cogía de la mano y tiraba de ella firmemente para terminar de adentrarla en el palacio.

- Creo que te confundes -replicó Mon mientras la niña la miraba con sus grandes ojos marrones- debes estar esperando a otra persona

- No esperaba a nadie -dijo la niña divertida- ¿tienes un chicle?

Tras la sorpresa inicial, y sin dejar de preguntarse quién sería esa niña que actuaba de forma tan extraña, buscó en sus múltiples bolsillos hasta encontrar un paquete de chicles de fresa que siempre guardaba para posibles mareos ante vuelos intrépidos (Arkana era bastante traviesa cuando la responsabilidad de una misión se lo permitía). Le brindó un chicle a la pequeña, que expectante, se quedó con él en la mano esperando, Mon comprendió que deseaba que ella también cogiera uno para disfrutar juntas de la golosina.

Mon giró al notar un ligero murmullo a su espalda y comprobó que ya había dos personas encargándose de Arkana, eliminando el polvo del viaje de sus alas y mirando con extremo cuidado su herida para proceder a lavarla y aplicarle algún ungüento calmante.
Se sorprendió al comprender que tenían que haber pasado por delante de sus narices y que no se había dado ni cuenta, los grandes ojos de esa pequeña captaban toda su atención.

- No te preocupes por tu libélula -dijo la niña como si hubiera leído sus pensamientos y señalando a las personas que se ocupaban de Arkana continuó- Laura y Leticia se ocuparán de que no le falte de nada, descansará y curarán su herida. Son estupendas inventando cremas y pomadas milagrosas -le susurró divertida

La intrépida Mon asintió, aún no tenía claro por qué, pero estaba convencida de que lo que le contaba la niña era cierto.

- ¿Nos tomamos ya el chicle? -preguntó la niña con la impaciencia que da la edad temprana, y al ver cómo Mon asentía y se acercaba el chicle a los labios, ella hizo lo propio con la ilusión que siempre da saber que el sabor a fresa inundará toda tu boca con el primer mordisco.

En ese momento un ruido extraño, molesto incluso, la pilló por sorpresa. Mon, comenzó a mirar a todos los lados e instintivamente adoptó una postura de alerta, preocupada no por ella, sino por proteger a esa pequeña de grandes ojos marrones y vestido blanco. Frunció el ceño, era muy extraño, porque el desagradable sonido se escuchaba con claridad, pero no veía a ninguna criatura capaz de producirlo. ¿Los Ogros Camuflaje del Este? se preguntó, pero descartó rápidamente la ocurrencia, de haber sido ellos habría percibido inmediatamente el olor a coliflor. ¿Algun duende ajustándose la ortodoncia? no conocía a ninguno con el don de la invisibilidad... Pensando en nuevas opciones miró a la niña y comprobó como, divertida, movía las mandíbulas de forma desmesurada, disfrutando enormemente y... produciendo aquel sonido tan... ¿particular?

- ¡Es lo más divertido de tomar chicle! -le dijo- abrir muuuucho la boca, estirarlo y dejar que cante entre tus dientes como lo hacen todos los chicles, ¡como si fueran piratas borrachos!

Y sin más la niña giró y comenzó a adentrarse en los jardines que adornaban la entrada al palacio con esos pequeños saltitos bailarines con los que todos los niños demuestran que están comenzando a descubrir que la vida es un gran juego en el que lo importante es divertirse.

- ¿Vienes? -le dijo, y sin esperar respuesta siguió bailando.


(continuará)