Lo tuyo es puro teatro

Es extraño volver a la escuela con 33 años.

Volver a elegir un cuaderno y estrenar rotuladores de colores.

Vas con otra actitud; no solo cambian las materias, sino la forma de ver a quienes las imparten. Buscas objetividad, porque no en vano estás haciendo un esfuerzo por ir a las clases y no quieres que el buen rollo con los compañeros o las ganas de recibir esas clases te nublen la visión y no puedas distinguir a un educador de un mero charlatán. Es dinero y tiempo que estás dedicando a algo que esperas que valga la pena.

Bienvenidas sean las nuevas amistades que te brinde la experiencia, pero no es la finalidad de todo esto. Tampoco buscas un gurú, ni alguien que te muestre nuevos caminos, porque ya sabes por dónde quieres pisar; buscas a payasos, a contadores de historias, a expertos en ilusiones que quieran compartir contigo todo lo que han aprendido y sepan cómo hacerlo.

Evitas las cañas de después, argumentando que mañana trabajas, que estás cansada y que después de estar todo el día fuera, te apetece llegar a casa. Y no es mentira, porque, con 33 años, vuelves exhausta, pero entusiasmada, y no puedes dejar de contarle a quien quieres (y que ya recorrió ese camino tiempo atrás) que estás aprendiendo a respirar con el diafragma, o a fingir un golpe contra una mesa, o una caída, o a medir tus pasos y acompasarlos con el texto...

Y pasas a limpio los apuntes, como cuando estabas en el colegio, porque no quieres estar dentro de un par de meses preguntándote que narices escribiste a toda prisa para no perderte lo que te seguían contando o para dar saltos y recibir falsos bofetones en la Danza de los Jorobados.

Asumes de forma distinta lo que te cuentan, tratando de extraer lo que te conviene o consideras que será útil, pero sin cerrarte en banda a aquello con lo que no estás de acuerdo o que has vivido de forma distinta. No te jactas de haber trabajado sin la base que ahora pretenden darte, pero tampoco te dejas avergonzar por ello ni lo ocultas, porque sigues pensando que la experiencia es la mayor pedagoga de todas. La base lo hace más fácil, más limpio, pero no más real, eso tienes que ponerlo tú.

Y te lees Hamlet en el autobús, y tratas de pronunciar tu parte de La Ilíada haciendo las pausas correctas y respirando donde tienes que respirar... y te ves sorprendida. Sorprendida por gente que nunca ha pisado un escenario pero que comparte contigo un espacio 4 horas a la semana y es capaz de hacerte reir en una improvisación de 2 minutos, de forma natural y espontánea. Sin los artificios de aquellos que considerándose importantes cobran por ello.

Y disfrutas, disfrutas ahora como no lo habías hecho antes. Porque esto no es obligado, porque lo has elegido tú y sabes que lo has hecho bien. Porque tras años actuando, estas aprendiendo a hacerlo.

La buena vida

Aquella mañana abrió los ojos con la plena convicción de que algo había cambiado. Seleccionó su sonrisa del día y cambió el sonido del despertador al modo "canción inolvidable".
Desayunó palomitas de colores mientras leía la sección de cultura del periódico, marcando, con infantil entusiasmo, todas las ofertas del festival de otoño de las que disfrutarían hoy.

Antes de decidirse a tirar el movil por la ventana, efectuó una última llamada, simplemente para comunicar al mundo que se había declarado en huelga de números rojos, que había olvidado lo que era fruncir el ceño y que la llave de su casa estaba bajo el felpudo para quien quisiera visitarles con buenas intenciones y una botella de vino para compartir.

La despertó con un beso en los labios y compartieron una ducha de sonrisas y callada complicidad. Se olvidaron del reloj, de las colas, de las visitas por cortesía y las cosas por obligación. De las pelis malas, del pago de facturas y la incertidumbre laboral.

Compartieron libros, ideas, experiencias. Se regalaron futuros recuerdos que nunca se llenarían de polvo ni ocuparían espacio en el armario. Invirtieron en un buzón que solo recibía cartas de amigos y en un aislante de infelicidad para las ventanas y, además, por ser los clientes 10.000, les salió gratis.

Dejaron de opositar a la buena vida, para disfrutarla sin más.

Imagen: "She makes me feel good" de Tristan Rault

Frase del Día (15)

Cosas Bonitas

Cuadernos de apuntes con dibujos de colores. Un viaje de dos días para desconectar con quien tu quieres. El color amarillo. Los broches de fieltro. Los duendes que adornan el mueble de la tele. Un fado en directo en la voz de Mariza. Nuestra manta de nubes para el sofá. Cuando Carlos sonríe. "El diario de Noah" (el libro más que la peli). Una caja con rotuladores nuevos de todos los colores. Algunas canciones de Sabina y de Antonio Vega. Despertarse con olor a pan tostado. Nadar entre los peces del lago de Sanabria. Que a la Cenicienta le valga el zapato y no haga falta que las hermanastras se corten los dedos de los pies. "Ven" de Queyi . Los días lluviosos en los que no tienes que salir de casa. Que despertarte al lado de la persona a la que quieres haga que olvides el molesto sonido del despertador. Que Elena esté embarazada. La risa que a los niños les provocan los geniales soldados de "Juan sin miedo". Por qué te quiero en 65 palabras. Té americano, caliente y con mucha canela las tardes de invierno. La nieve. Un muñeco que te recuerda tus tardes infantiles. Candela y Hugo, aunque solo sean proyectos aún. Un cuaderno nuevo que empezar a llenar de ideas y garabatos. "Amelie". Que las tardes de verano entre olor a Bimbo por las ventanas. Que haya gente que se moleste en leer lo que escribes. Bucear en Sotavento. Las libélulas. Tú.

Frase del Día (14)

Solidariero Popular


A solidario regalado no le mires el dentado. En boca solidaria no entran moscas. A falta de pan, buenos son solidarios. Quien a buen solidario se arrima buena sombra le cobija. Más vale solidario en mano que ciento volando. A palabras necias, oídos solidarios. Más sabe el solidario por viejo que por solidario. A buen solidario, pocas palabras bastan. A nadie le amarga un solidario. Quien bien te quiere te hará solidario. Ande yo solidario, ríase la gente. En Abril, solidarios mil. Todo mi gozo en un solidario. Al mal tiempo buen solidario. El hábito no hace al solidario. Más largo que un día sin solidarios. Fíate del Solidario y no corras. Hablando se entiende el solidario…

8 de Octubre, día de la Solidaridad.

Nota a pie de página: lo tenía que haber subido ayer pero soy un desastre!! mil perdones.

Botines de tacón y lazos de tafetán



Apenas la mira.

Prefiere darle la espalda, le avergüenza su desnudez, pero no por grotesca u ordinaria, sino porque le recuerda la propia.

En silencio se pregunta si estará sentada en ese pasillo por los mismos motivos, si buscaba un dorado que ni siquiera persiste en las paredes que decoran la escena o si fue engañada aprovechando las ansias de encontrar algo mejor.

No se imagina compartiendo confidencias o risas, desgracias o recuerdos. No quiere pensar en un futuro que la sitúe en ese desvencijado banco de madera.

Tiene frío, pero no se atreve a pensar en una alternativa que la obligará a soportar el caliente aliento de quien pague por no escucharla ni mirarla a los ojos, por si su tristeza le apaga las ganas. Así que reza no sabe a qué ni a quién porque la consideren demasiado delgada, o demasiado pálida, o demasiado triste para compartir un insano colchón.

Se evade pensando en cómo sería ese lugar hace unas décadas. Cuando las lámparas lucieran nuevas y brillantes, las alfombras llenaran los pasos de color y los muebles no parecieran a punto de caer. Se imagina vestida de satén, recorriendo las estancias con unos preciosos botines de tacón y lazos de tafetán, comprobando que todas las habitaciones cuentan con el calor que ahora se les escapa a base de desengaños, escuchando las risas de los niños jugando en el salón y el piano de la entrada, regalando a los oídos una hermosa melodía acallada a base de polvo y años.

Hasta parece que la brisa exterior, cantarina, la llama entre susurros…

…pero no es la brisa quien la nombra.



Ilustración: "Two Prostitutes" de Cellar-Fcp